

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende que el amor no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad.
Y uno empieza a aprender….
que los besos no son contratos y los regalos no son promesas.
Y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos.
Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma, en lugar de esperar que alguien le traiga flores.
Y uno aprende….
que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte,
y que con cada adiós uno aprende
-Jorge Luis Borges-
Burló la guardia del hospital donde su hijo, de 22 años, permanecía internado a raíz de una lesión cerebral irreversible y le suministró una dosis letal de la droga. Ante el tribunal que la condenó, la mujer argumentó que actuó “por amor y compasión” hacia su hijo. Su familia la apoya.
El caso de Frances Inglis parece haber borrado los tonos grises de la escala cromática. Para muchos, la mujer, de 57 años, es una criminal (negro). Para otros tantos, una madre valiente y devota (blanco). Lo cierto es que su dramática historia conmociona a toda Gran Bretaña: un tribunal londinense acaba de condenarla acadena perpetua por haberle inyectado una dósis letal de heroína a su hijo, quien estaba internado con una lesión cerebral irreversible.
La vida de Frances dio un trágico vuelco en julio de 2008. Thomas (22), uno de sus tres hijos, se vio involucrado en una pelea a la salida de un pub de Londres. El joven se rompió el labio y los médicos que acudieron al lugar para asistir a quienes habían participado del enfrentamiento decidieron trasladarlo al hospital para atenderlo mejor.
Pero Thomas no quería que lo llevaran al hospital. Por eso, cuando lo trasladaban, intentó escapar: se arrojó desde la ambulancia en movimiento y se golpeó la cabeza contra el asfalto. La caída le produjo una lesión cerebral irreversible y quedó en estado vegetativo. Frances no soportó ver a su hijo así. Eso dijo ante el tribunal que la juzgó, no era vida, era “un infierno”. No podía quedarse de brazos cruzados. Tenía que ayudar a Thomas, librarlo de su sufrimiento.
Días después del accidente, en noviembre, Frances se registró con una identidad falsa en el hospital donde su hijo estaba internado y trató de administrarle una inyección letal. No tuvo éxito y fue detenida. No obstante, la Justicia le otorgó el beneficio de la libertad condicional.
En noviembre de ese mismo año, la mujer repitió la operación. Sólo que esta vez sí logró su objetivo. Pese a que en el hospital donde el joven estaba internado había fotos de Frances para que el personal de seguridad la identificara y no la dejara acercarse a Thomas, la mujer logró burlas la vigilancia. Así, Frances llegó hasta la habitación donde su hijo se encontraba postrado y le aplicó una dósis mortal de heroína.
“Lo sostuve en mis brazos, le dije que lo quería, tomé una jeringa y le inyecté en los muslos y el brazo. Le dije que todo iría bien”, relató la madre ante los jueces. Los médicos descubrieron lo que había pasado, llamaron a los guardias del hospital y Frances fue detenida. Durante el juicio, la mujer nunca negó lo que había hecho. Una y otra vez contó lo ocurrido y aclaró que había actuado impulsada por el “amor” y la “compasión” que sentía por su hijo. Su caso dividió a la sociedad británica: muchos comprendían el sufrimiento de Frances y destacaban el coraje de sus actos. Otros, en cambio, la condenaban.
Esta fue la postura que tomaron la mayoría de los miembros del jurado. Diez de ellos la consideraron culplable, dos la absolvieron. Así fue que la Justicia resolvió condenarla a la pena de prisión perpetua. El juez Brian Barker dio a conocer los argumentos de la sentencia: “Más allá de cuál hubiera sido su intención, (Frances) cometió un asesinato”.
Tras el veredicto, la familia de Frances pidió la revisión del caso. Es que sus otros dos hijos la apoyan incondicionalmente. Alex, el hijo mayor de la mujer, salió a defenderla y remarcó que su madre había actuado “por amor” hacia su hermano. “Toda la familia y la novia de Tom apoya totalmente a mi madre. Todos los que amaban a Tom y se sentían cerca de él no consideran lo que ha hecho un asesinato, sino un valiente acto de amor”, afirmó.
(Fuente: Diario Clarin, EFE)
Para los que sí gustan de poesías, aquí va una muy famosa :)
“Paren todos los relojes,corten el teléfono, eviten que el perro ladre dándole un jugoso hueso. Silencien los pianos, y con tambor amortiguado, traigan el cajón afuera, dejen que los afligidos vengan.
Permitan a los aviones dar círculos en lo alto, escribiendo en el cielo el mensaje “Él esta muerto. Coloquen crespones alrededor de los blancos cuellos. Dejen que los policías usen guantes negros.
Él era mi norte, mi sur, mi este, y oeste, mi semana de trabajo y mi descanso de Domingo, mi mediodía, mi medianoche, mi habla, mi canción. Pensé que el amor duraría para siempre. Estaba equivocado. Las estrellas no son deseadas ahora, apaga todas y cada una. Llévense la luna, desmantelen el sol. Vacíen el océano y limpien el fondo. Porque ahora nada podría hacer ningún bien.”
Los jueces argentinos consideraron adúltero a un hombre que llevaba varios años separado de hecho.
Un fallo consideró “adúltero” a un hombre que hacía años estaba separado de su mujer. Los jueces tuvieron en cuenta que había comenzado otra relación sin haberse divorciado de su esposa. Y para el Código Civil, un matrimonio debe ser fiel hasta su fin legal.
Entre los argumentos de los jueces de la Sala A de la Cámara Civil, se lee: “Resulta indispensable el pronunciamiento judicial que decrete la separación o el divorcio de los cónyuges, pues mientras tanto, la comprobada relación sexual extramatrimonial provoca la configuración de la causal de adulterio. La circunstancia de que se hubiera producido la separación de hecho entre los esposos, de ningún modo los autoriza a cometer esta afrenta, en tanto el deber de fidelidad se perpetúa durante la vigencia del vínculo y no concluye por el mero distanciamiento, que carece de virtualidad para exculpar las transgresiones cometidas respecto a ese fundamental deber”. Los jueces Hugo Molteni, Ricardo Li Rosi y Fernando Posse Saguier respondieron así al reclamo de la mujer quien dijo que, más allá de la voluntad común de ruptura del vínculo, había adulterio por la relación que su ex pareja mantenía con otra mujer.
“La causal de adulterio se encuentra suficientemente probada a partir de las declaraciones del propio actor y los restantes medios probatorios, los que en conjunto ilustran acerca de su relación extramatrimonial iniciada luego de algunos años de la ruptura matrimonial”, dice la sentencia. Aclararon que el criterio es aplicable con plazos razonables: hubo un caso en el que la pareja estaba separada desde hacía 25 años, y se consideró que no había adulterio por la nueva relación de uno de los cónyuges.
Además de adúltero, la Cámara consideró que había “abandono del hogar”, otra causa para atribuirle la culpa del divorcio. Esta “culpa” hoy se discute. Para Haydée Birgin, abogada de familia, “hablar de culpabilidad en una pareja separada es una antigüedad. Hay jurisprudencia que sostiene que la responsabilidad es de ambas partes. De hecho hay una corriente moderna que entiende que no existe culpabilidad, pero legalmente la Cámara tiene razón”.
Para Osvaldo Ortemberg, “desde el punto de vista legal, el fallo es correcto. El Código Civil dice que es obligatoria la fidelidad hasta el divorcio. Parece absurdo en esta época, y hay jurisprudencia que cuestiona el divorcio por culpa del otro y seguramente habrá más fallos que rectifiquen el Código Civil”.
Ya hubo un fallo así en 2008. Ante un supuesto adulterio, la Sala B de la Cámara Civil, dijo: “Los derechos y deberes matrimoniales no se tornan exigibles una vez que ha quedado quebrantada la unión conyugal. Está en juego el derecho a la privacidad de los sujetos: ello dicho para el supuesto de que se pretendiera imponer al separado un hecho de veda absurda, como sería la imposición coactiva de una inconcebible abstinencia sexual”.
Fuente: Clarin.com
Monedero Japonés
El rabinato israelí decidió reconocer como judíos a los miembros de una antigua tribu de la India, los Shing-Long, y asegura que son descendientes de una de las 10 tribus perdidas de Israel.
La máxima instancia religiosa del Estado de Israel falló que los “Shing-Long” (autodenominados “Lu-Shi”, literalmente “Las Diez Tribus”), son los descendientes del bíblico Menashé y, por lo tanto, judíos en potencia.
Menashé era uno de los dos hijos de Yosef, hijo preferido de Jacob y a quien el patriarca dio doble herencia: “Y tus dos hijos que te han nacido en la tierra de Egipto, hasta que vine a ti, Efraim y Menashé, a mí son. Como Reuvén y Shimón serán para mí”, refiere el Genésis. Esa tribu desapareció junto con otras nueve durante el exilio judío en Babilonia en el siglo VIII antes de Cristo, cuando el bíblico reino de Israel fue destruido y sus habitantes dispersados por los asirios.
Conocidos hoy en Israel como los “Bené Menashé” (Hijos de Menashé), la “Shing-Long” forman una tribu de unos 750.000 y 1,2 millones personas. Están asentados en las regiones de Mizoram y Manipur, en el nordeste indio, junto a la frontera con Myanmar (antigua Birmania).
El primer contacto lo tuvo el rabino Elyiahu Avijail en 1979, a raíz de una serie de artículos en la prensa y el envío de dos representantes de la tribu a Israel para que sondearan la posibilidad de emigrar a este país. Autor del libro “Las Tribus de Israel”, Avijail no tiene dudas del vínculo entre las dos tribus. “Rezan al Dios de Menashé, y se conocen entre ellos como los descendientes de Menashé”, dice en su libro quien también encabeza una fundación denominada Amishav” (Mi pueblo regresa).
“Amishav” y su subsidiaria “Shavei Israel” (“Los que regresan a Israel”) están dedicadas a la búsqueda de las tribus perdidas y a la restitución al judaísmo de los descendientes de judíos que fueron obligados a convertirse a otras religiones. “En el caso de los Bené Menashé no tenemos documentación escrita anterior al siglo XIX, cuando los misioneros cristianos que llegaron con el Imperio Británico los convirtieron al cristianismo”, afirma Mijael Freund, presidente de la segunda de las fundaciones. Pero asegura que de los estudios que han realizado, los “Shing-Long” cumplen una serie de tradiciones que son judías, como es el derecho de una viuda, sin hijos, a tener sucesión por parte del hermano de su difunto marido. “Tienen una bendición colectiva -agrega Freund- que es algo así como ‘Nosotros los hijos de Menashé aún portamos el legado’”.
El regreso de los “Shing-Long” al judaísmo comenzó de hecho hace unos 50 años, cuando muchos de ellos se apartaron del cristianismo. “Ellos tenían una antigua creencia histórica acerca de un hombre, que vendría de Occidente, para devolverles el Libro (la Torá) y cuando vieron a los misioneros con los Evangelios creyeron que había llegado su redención”, explica Avijail. Pero pasaron los años y muchos se dieron cuenta de que no era ésa la profecía, por lo que decidieron volver a sus antiguas costumbres.
Fue la creación del Estado de Israel en 1948 la que despertó en ellos el viejo vínculo, aunque por aquel entonces las autoridades religiosas y civiles de este país les cerraron sus puertas. Sólo en 1980, tras visitarlos y constatar el recuento de los dos enviados, Avijail les tendería el primer puente.
A principios de los noventa, tras un proceso de acercamiento al judaísmo in situ, la fundación “Amishav” llevó a Israel a un grupo de cien y más adelante, en varias tandas, a otros 700. La mayoría vive en colonias de Cisjordania y Gaza, según Freund, “debido a que los colonos fueron los únicos dispuestos a ofrecerles ayuda”. El Rabinato no reconocía el vínculo de los “Shing-Long” con el judaísmo y se negaba a darles cualquier tipo de asistencia.
La decisión de aceptar a los 6.000 o 7.000 miembros judíos de la tribu -el resto siguen siendo cristianos- la ha tomado el Gran Rabino sefaradí, Shlomo Amar, después de muchos estudios e investigaciones. El Rabinato analizó sus costumbres y su origen étnico, así como documentos y los resultados de pruebas genéticas.
Amar sólo condicionó la “repatriación” a un proceso de conversión según las leyes religiosas juas, tras lo cual el Estado de Israel les permitirá acogerse en el futuro a la “Ley de Retorno” y radicarse en el país con todos los derechos.
La fuente: Centro de Información y Documentación de Israel para América latina (Cidipal).